PÁNICO


La Defensa Civil, define al desastre como el conjunto de daños producidos sobre la vida, la salud o la economía de los habitantes de uno o varios centros poblados, originados por la alteración del curso de los fenómenos naturales o por acción del hombre con el empleo de medios destructivos.

 

Cuando los desastres ocurren rápida e inesperadamente ocasionan una considerable repercusión sobre el aparato psíquico, con el consecuente comportamiento de los seres humanos, ya sea  que estén aislados o reunidos en grupos o multitudes. En muchas oportunidades cuando han pasado los primeros auxilios  de las víctimas, es común observar casos en los que se entra en un estado de terror, perdiendo el control de sus acciones y contagiando a otros su miedo irracional, situación que perturba seriamente las labores de rescate.

 

De allí que SEA DE NECESARIO INTERÉS para aquellos que conforman los equipos de rescate, conocer las manifestaciones psíquicas desfavorables, para saber de que manera intervenir  rápidamente, tratando de evitar el desarrollo de estas peligrosas perturbaciones. 

 

Es muy común que ante estos casos se hable de "psicosis de guerra" o de "histeria"; de más está decir que estas denominaciones son equivocadas, por lo que resulta conveniente marcar algunas definiciones que permitan un acabado entendimiento de las reacciones psíquicas anormales, mediante términos igualmente comprensibles para todos.

 

MIEDO-PÁNICO-NEUROSIS-PSICOSIS

Ante un desastre todos experimentamos temor: miedo a perder la propia vida; a ser lesionados gravemente; a perder a nuestros familiares más queridos, etc. Esta reacción normal y prácticamente universal, no constituye por tanto problema alguno.

 

Ahora bien, cuando el temor ocasiona pérdida de control, entonces hablamos de pánico individual. el sujeto en estado de pánico muestra inquietud extrema, grita, corre tratando de salvarse por cualquier medio, ciego a las consecuencias de sus actos. En estos casos el individuo necesita el auxilio inmediato para recuperarse psiquicamente e incorporarse a los grupos de restitución.

 

Decimos que un sujeto presenta síntomas de neurosis cuando evidencia ideas obsesivas; temores sin base real (fobias) o fallas en las funciones corporales (visión, fonación, movimientos de miembros, etc.) es obvio que en los desastres muchos sujetos pueden presentar estos síntomas, ya sea como nuevas manifestaciones o como intensificación de trastornos anteriores. Solo hay justificación para llamarlos neuróticos en el caso de que los síntomas sean persistentes.

 

Por tanto, un individuo que grita y corre durante algunos minutos no puede considerarse como "Histérico" en cambio, si a raíz de haber sufrido víctima de un desastre permanece incapáz de mover los brazos y piernas, sin haber sufrido lesiones en el craneo, la columna vertebral o los miembros y estos transtornos persisten varias horas, días o semanas, tenemos plena justificación de pensar que esta persona padece de enfermedad neurótica (histeria de conversación)

 

Respecto del psicótico, llamamos así a aquel sujeto que ha perdido la noción de la realidad, que tiene ideas anormales, que no pueden ser modificadas por la razón y que además puede presentar trastornos de la percepción (p.ej. oir voces de personas que no estén presentes, sentir contactos o corrientes eléctricas o radiaciones de aparatos que no existen o contactos con animales, fantasmas o personas irreales).

 

REACCIONES PSÍQUICAS COMUNES EN LOS DESASTRES

La experiencia desde nuestra óptica profesional demuestra que en los desastres existen algunas reacciones psíquicas que son frecuentes y otras que son raras o muy excepcionales.

 

Tal cual se dijo, el temor es una reacción completamente natural ante una catástrofe, tanto más considerable, cuanto más inesperada. Todos , incluso nosotros, los BOMBEROS, tenemos miedo cuando estalla rápidamente un incendio de proporciones. Este temor se manifiesta por disturbios psicológicos y perturbaciones orgánicas; nuestro corazón late aceleradamente; la respiración se torna irregular o anhelante; transpiran las manos o todo el cuerpo; nos tiemblan las extremidades y, en casos extremos, se relajan los esfínteres.

 

Entre los primeros acuden a nuestra mente de inmediato, ideas acerca del peligro que estamos corriendo o que deben afrontar nuestros seres queridos o las víctimas y al instante, recordamos los procedimientos que podemos emplear para salvarnos o ayudar a los que lo necesitan. Aquí es donde toma real importancia el entrenamiento.

Así es, el entrenamiento, para los profesionales del fuego, la educación o el simulacro para los particulares, permiten que la mayor parte de los sujetos involucrados puedan controlar sus temores y comportarse de una manera adecuada a la situación, esto es condicionar una respuesta previamente educada.

 

Está comprobado que, si la persona ha sido condicionado previamente por el entrenamiento, actuará de una manera casi automática. El condicionamiento de la conducta mediante el entrenamiento previo repetido en simulacros de desastres, tiene una importancia considerable para permitir controlar el propio miedo y actuar de una menera adecuada en ayuda a nuestros semejantes.

 


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PANICO
Descripción y explicación de las distintas reacciones que pueden presentarse entre las víctimas.
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